Paula Carcache
B3
Diciembre 15 de 2025
El catálogo de Tinder: cuando el amor se vuelve un mercado
“Solo 1 de cada 10 miembros de la generación Z respondió que estaban dispuestos a comprometerse a estar comprometidos”, de acuerdo con una investigación realizada por Julie Arbit, especialista en investigación, a 500 participantes del Reino Unido y EE. UU. Este resultado demuestra cómo las personas ya no desean relaciones con conexión íntima y duradera. En El fin de la masculinidad, Luciano Lutereau explica estos fenómenos en torno a los ideales románticos y da conceptos que ayudan a entender mejor estos vínculos modernos, como el mercado matrimonial y el giro neoliberal. Con estas ideas se puede relacionar este texto con la película El estafador de Tinder, donde se muestra cómo estas “relaciones” pueden transformarse en transacciones guiadas por el estatus, sin compromiso real y con una búsqueda por el beneficio propio.
El menor interés por el compromiso en la generación Z, es decir, los nacidos entre 1997 y 2010, demuestra la disminución de los vínculos amorosos. En El fin de la masculinidad, Luciano Lutereau explica que “Es atractiva la idea del matrimonio como un mercado”. Este denominado mercado matrimonial es una forma en que las personas eligen a su pareja, basándose en factores como el dinero, la belleza o el estatus social. Aunque este modelo está en crisis, sigue funcionando en las relaciones. Esto se puede observar en la película El estafador de Tinder, donde Simon Leviev logra engañar a su víctima, Cecilie, quien lo ve como el “hombre ideal” al presentarse con lujos y un estilo de vida único. Del mismo modo, Pernilla también cae en esta trampa al ver una imagen con poder económico dentro de ese mercado, que les ofrece lujos y seguridad.
A la vez, otro concepto que Lutereau desarrolla es el giro neoliberal, donde las relaciones amorosas se viven como transacciones. En su libro, el autor describe con tono irónico que “Sin duda, esto hace del matrimonio (única manera de consagrar la unión con un marido) una elección poco conveniente. Podríamos bromear y decir que es preferible el giro neoliberal y tercerizar el servicio, flexibilizar el modo de contratación, anular el convenio colectivo del amor conyugal”. Es decir, las personas se muestran como productos, cuidando su imagen para ser elegidas. Tinder es un ejemplo de esto, ya que sus usuarios crean su perfil para mostrar su estilo de vida. Tanto Simon como las víctimas participan de esta lógica, donde el amor se convierte en un intercambio de beneficios y la relación amorosa auténtica queda relegada frente a la apariencia y el interés.
No es solo Simon quien participa en este mercado: sus víctimas también se involucran al confiar en él por la imagen que perciben sin verdaderamente conocerlo. En el mercado, Simon es el producto que ofrece mejores beneficios: dinero, estatus y un estilo de vida lleno de lujos. Así se mostraba en las vitrinas del centro comercial de Tinder, donde varias mujeres decidieron adquirirlo a un reducido precio de manipulación emocional y estafa. Cecilie se endeudó no solo de forma metafórica con su vulnerabilidad, sino también con bancos a los que pidió préstamos para darle aproximadamente 250 mil dólares a Leviev.
De esta manera, la película muestra cómo los vínculos amorosos actuales encajan en estos conceptos, donde la apariencia importa más que el amor y se plasma con un caso real lo propuesto en El fin de la masculinidad de Luciano Lutereau. Tinder ha materializado de forma clara la transformación de los vínculos en transacciones donde se busca el mayor beneficio al menor costo. Además, la capacidad de filtrar gente como si se tratara de un catálogo de productos reafirma el giro neoliberal y el mercado matrimonial.
¿Qué haremos para evitar que se sigan comercializando las emociones de las personas?
