Renato Santana

B3

Diciembre 15 de 2025

Amor digital: ¿medicina para el corazón roto o veneno emocional?

Cuando las generaciones pasadas pensaban en amor, probablemente lo concebían como una fórmula matemática: hombre más mujer equivale a matrimonio, hijos y hogar. Con el pasar de los años, la hegemonía de la industria cultural estadounidense penetró a través de una disneyficación de las relaciones amorosas. Este es un término utilizado por sociólogos como Sharon Zukin y Alan Bryman, para describir la influencia de la compañía Disney en las percepciones sobre el marketing y, especialmente, el amor, estableciendo rígidos arquetipos de princesas vulnerables y príncipes valientes que viven felices para siempre.

De acuerdo con Luciano Lutereau en El fin de la masculinidad, la digitalización es uno de los elementos que en nuestra actualidad ha provocado que la visión del amor sea individualista y poco comprometida. El ritmo acelerado de la vida posmoderna ha profundizado un sentimiento de vacío que busca llenarse mediante la presencia de una pareja. El autor plantea que “en nuestros días, en el amor se busca seguridad, tranquilidad, un remedio para la soledad. El amor como “pharmakon” de nuestro tiempo”, entendido como remedio y veneno al mismo tiempo.

Uno de los elementos cruciales en la metamorfosis de los ideales amorosos ha sido la exposición en redes sociales y la utilización de aplicaciones de citas. ¿Qué ocurre cuando las conexiones son establecidas únicamente con lo que se quiere mostrar? ¿Hay cabida para la autenticidad? Estos dilemas han sido clave para la construcción de personajes que buscan aprovecharse de otros, tal y como narra el documental El estafador de Tinder. El documental presenta a Cecilie, una mujer que lleva siete años en aplicaciones de citas y que, a pesar de querer un clásico príncipe azul, ejemplifica el concepto de pharmakon descrito por Lutereau. Esta palabra griega tiene dos significados contradictorios: remedio y veneno. Ella anhelaba alguien que llene su vacío emocional y la haga sentir plena. Eso no es amor; es dependencia emocional escondida bajo capas de idealización.

Por otro lado, Lutereau nos habla del hombre narcisista que establece relaciones no con base en el amor, sino en dinámicas de poder que reafirman su adoración por sí mismo. Este tipo de hombre no se preocupa por los sentimientos de su pareja, sino por lo que él siente. En el documental esto se evidencia con Simon, quien nunca establece conexiones verdaderas, pues solo muestra la parte de él que tiene poder económico. Busca exhibir su cumplimiento con la normativa de roles de género que colocan al hombre como proveedor, aunque esto termina invertido, pues son las mujeres quienes sostienen su lujoso estilo de vida. Además, tal y como establece Lutereau, ocurre una infantilización de la pareja, donde la protagonista adquiere un rol de madre que debe cuidar a Simon.

Este “pharmakon” que representa Simon llena a Cecilie de emociones intensas, pero se va transformando en un veneno que destruye sus expectativas y su estabilidad emocional. El testimonio de Cecilie también ilustra lo que Henry Jenkins describe como la economía de la atención. Tinder convierte la búsqueda del amor en un juego donde cada swipe libera dopamina. Para ella, este diseño fue un remedio en la medida en que le proporcionaba ilusión y múltiples oportunidades de conexión. Sin embargo, se volvió veneno cuando esa dinámica provocó dependencia y la expuso a Simon, con quien terminó perdiendo más de 200.000 dólares.

El caso de Cecilie demuestra que Tinder no solo comercializa vínculos, sino que captura la atención de los usuarios en un ciclo interminable de expectativas e ilusiones. Las acciones de Simon eran manifestaciones de su personalidad, que es incapaz de sentir culpa por lastimar a Cecilie, a pesar de haberla engañado, manipulado y explotado para su beneficio. La mujer sufrió a tal grado que tuvo ideación suicida, lo que la llevó a internarse en un establecimiento de salud mental.

Más que mostrar un caso real, El estafador de Tinder nos invita a cuestionarnos el nivel de influencia que tiene la digitalización en nuestras vidas. Tal vez no todos están en apps de citas, pero una gran mayoría usa redes sociales en las que muestran solo lo que desean que los demás vean. Esto atenta contra la autenticidad, pues preferimos la pulcritud visual, la higiene de las rutinas y la romantización de estilos de vida inalcanzables para la mayoría. Esto genera expectativas irreales que se traducen en decepción.

Como advierte Lutereau, el compromiso de las parejas se mide a través de publicaciones compartidas, ignorando que la verdadera conexión no se puede transmitir solo con una foto, una historia, o un like. El documental confirma lo que Lutereau propone: el amor en la era digital es un pharmakon que oscila entre remedio y veneno. Frecuentemente, el interés se centra únicamente en la propia individualidad, y el riesgo es que el amor se transforme en un reflejo narcisista más que en un verdadero vínculo con el otro.

Amor digital: ¿medicina para el corazón roto o veneno emocional?

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