Carlos Romo

B3

Diciembre 15 de 2025

El amor como herramienta hacia la expansión del mercado

En la actualidad, la tasa de divorcios ha aumentado a niveles preocupantes; las parejas jóvenes están habituadas a relaciones de corta duración o tienden a comprometerse apresuradamente. El amor solía ser un acto colectivo, mediado por normas sociales, códigos amorosos e incluso la decisión del compromiso estaba fuertemente influenciada por la familia, un claro equivalente a la premodernidad. El debilitamiento de los lazos sentimentales que unían a nuestros padres y abuelos es una realidad de la que poco se habla; sin embargo, muchos filósofos como Eva Illouz y Zygmunt Bauman le atribuyen este factor al individualismo, al consumismo y a la naturaleza anticipada, refiriéndose a la idealización de las personas. La pregunta clave que surge es la siguiente: ¿Cuál es la razón detrás de la fragilidad que ofrece el amor del siglo XXI? El capitalismo juega un rol fundamental para responder a esta incógnita y cómo se está utilizando el amor líquido y la idealización del amor en un negocio rentable en el mundo contemporáneo.

Illouz sostiene que la libertad de mercado ha convertido las emociones en productos y servicios, introduciendo criterios de elección, comparación y reemplazo en las relaciones personales. Igual que con bienes de consumo, las personas han pasado a ser productos que se evalúan según atributos como el aspecto físico, los ingresos económicos y estatus social. Estas características son capaces de aumentar o disminuir el valor de las personas, generando un enfoque indistinto al concepto del amor. La lógica de comprar y adquirir ha alimentado la ilusión de un amor idealizado, un amor tan perfecto que cumpla todos los estándares que se han impuesto, basados en la obtención de objetos materiales que hasta cierto punto llegan a representar la cantidad de amor hacia una persona, transformando al amor en un sinónimo de elemento banal, algo vacío, una cosa que, como cualquier otra, se agota y muere.

Celebraciones como San Valentín ilustran este fenómeno. La compra de flores, chocolates, peluches, salidas, reuniones, cenas, entre otros gastos, genera inmensas ganancias para los propietarios de estos servicios. Mientras tanto, para los compradores, cada detalle determina el valor en la relación, lo cual crea una conexión vacía, basada en la felicidad momentánea que es capaz de brindar lo material, desplazando la autenticidad emocional. “Un estudio del British Journal of Social Psychology (2024) con 1.389 participantes demuestra que las personas materialistas tienden a elevar sus expectativas en cuanto a logros (como ambición) e imagen positiva (como apariencia) en su pareja, lo cual está vinculado a mayores conflictos y menor satisfacción en la relación”. 

Hace no mucho, en Europa occidental surgió una noticia que le dio la vuelta al mundo entero, pues a través de la aplicación Tinder, una mujer encontró a quien ella creía que era el hombre “ideal”; era rico, educado, atractivo y cumplía con las expectativas estereotípicas sobre el amor, historia que resultó en tragedia. Mujeres alrededor de Europa le “prestaban” fuertes sumas de dinero a cambio de engaños que Simon Leviev les contaba; con este dinero, él llevaba una vida de lujos y vanidades, presentándose  ante la sociedad y mujeres que lo rodeaban para cometer estafas en cadena. El estafador utilizó la etapa incipiente o inicial del amor para mostrarles a sus víctimas la ilusión de un amor de película, que claramente no existe, demostrando la importancia de esta primera fase en las relaciones. 

Como sociedad hemos penetrado en un sistema económico con el objetivo de enriquecerse a través del libre mercado, en nuestras emociones más profundas e íntimas, sin darnos cuenta de que estamos mercantilizando un afecto tan puro como el amor. En el documental de Simon Leviev podemos percibir a millones de personas que utilizan aplicaciones como Tinder para encontrar al amor de sus vidas. Creen que con leer las descripciones de cada persona que encuentran y saber mínimamente algunos gustos y actividades de sus vidas cotidianas, han establecido una conexión real, cayendo nuevamente en la idealización a cambio de una cantidad mínima de información, y esa es la principal problemática con este tipo de mercados.

El peligro de utilizar a los sentimientos como mercancía es hacer creer a la gente que es posible alcanzar la perfección en un ser humano, estrechándolo con el consumo, que más allá de conectar, genera vidas inciertas escudadas por objetos materiales, capaces de suplir a la razón, y ese fue el principal problema que presentaron las mujeres con Simon Leviev. Él comprendía esta lógica social y la aprovechó, utilizando la banalidad del amor a su favor para atraer a un grupo de mujeres como Pernilla y Cecile, las cuales buscaban hombres justamente como él, pues no necesitó cambiar su perfil o sus intereses; sabía que con el estilo de vida que exponía en esta red social, no importaba nada más, que eso era suficiente para servir de imán y atraer a las víctimas, pues tenía lo más valorado y escaso en la actualidad: dinero. 

Me gustaría concluir con una reflexión basada en la historia del Estafador de Tinder: lo fascinante y trágico a la vez radica en que la ingenuidad y falta de capacidad intelectual por parte de las mujeres no fueron el problema; ellas creían en Simon por lo que proyectaba, por lo que él les hizo sentir. Su personaje fue tan convincente que no dudaron: fue un amor perjurado, un engaño consumado. Es posible que, desde el punto de vista del espectador, la acción de otorgar tal cantidad de dinero se presente como irracional, pero realmente es una reacción natural, en particular hacia un ser amado. El hecho es que cayeron en su trampa al creer que el amor lucía así: exitoso, glamuroso y económicamente solvente, lo que se conoce como lo perfecto. Este hecho es capaz de demostrar lo efectivo y poderoso del amor, que fomenta la conexión y empatía entre humanos. ¿El amor es capaz de cegar a las personas? ¡Claro que sí!, de eso no hay duda; lo inverosímil es cómo estamos manejando un sentimiento tan poderoso y puro como un arma en contra de nada más que nosotros mismos.

El amor como herramienta hacia la expansión del mercado

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